- La etiqueta lleva la ficha técnica: artista, título, año, técnica, dimensiones y, a veces, precio o edición.
- Debe leerse desde un metro, en cartulina mate, colgada a una altura y un lado consistentes.
- Los títulos van en cursiva y con la misma grafía en la etiqueta, la lista de precios y tus registros.
Recorre cualquier colectiva durante la semana de montaje y verás la misma escena: la obra colgada, la iluminación lista, y alguien junto a una impresora a las once de la noche discutiendo qué va en las etiquetas. La etiqueta parece la parte más pequeña de una exposición, y a la vez es la que todos los visitantes leen, comparan con la lista de precios y fotografían cuando quieren recordar una pieza.
Esta guía cubre el lado práctico de etiquetar obras: qué información lleva la etiqueta, qué tamaño y material funcionan en una sala real, y cómo dar formato a los títulos para que tu papeleo sea consistente. Si buscas la otra mitad del trabajo, el breve texto interpretativo que le dice al visitante qué mirar, ese oficio tiene su propia guía sobre cómo escribir cartelas de exposición.
Qué es una etiqueta (y qué no es)
La etiqueta de una obra es una tarjeta de identificación, no un ensayo. Su trabajo es responder cuatro preguntas silenciosas en dos segundos: quién hizo esto, cómo se llama, de qué está hecho y qué tamaño tiene. Todo lo interpretativo, la intención del artista, el contexto, la historia, pertenece a la cartela extendida o al catálogo, donde el lector ha decidido dedicar tiempo.
Mantener limpia esa frontera ayuda a ambos lados. La etiqueta sigue siendo escaneable, y el texto interpretativo deja de cargar con datos que nunca fueron su trabajo.
La ficha técnica: qué va en la etiqueta
El bloque estándar de identificación es la ficha técnica, y su orden apenas cambia entre galerías y museos: nombre del artista en la primera línea, luego el título con el año, después técnica y soporte, y por último las dimensiones. Las muestras comerciales suelen añadir el precio o una línea de cortesía ("Cortesía del artista"), las obras editadas añaden el número de edición, y los inventarios grandes añaden un número discreto de catálogo que conecta la etiqueta con tus registros.
Las dimensiones siguen la convención alto por ancho, añadiendo profundidad para objetos, en centímetros o pulgadas según dónde expongas, y no cuesta nada dar ambas. La regla que importa más que cualquier campo individual es la consistencia: todas las etiquetas de la sala deben llevar los mismos campos, en el mismo orden, con la misma tipografía.
- Nombre del artista (con la misma grafía que en su bio y CV)
- Título, en cursiva, seguido del año
- Técnica y soporte (óleo sobre lienzo, bronce, impresión de archivo)
- Dimensiones: alto x ancho (x fondo), cm y/o pulgadas
- Número de edición, si la obra está editada
- Precio o línea de cortesía, si la muestra es comercial
- Número de inventario o catálogo, si lo llevas
Tamaño, colocación y materiales
La mayoría de las etiquetas de galería miden entre unos 5x9 cm y 10x15 cm, lo bastante grandes para contener la ficha técnica en un cuerpo legible y lo bastante pequeñas para no competir con la obra. Legible, en la práctica, significa un texto de unos 16 a 24 puntos, impreso oscuro sobre cartulina clara y mate, porque el papel brillante atrapa los focos y convierte tu etiqueta en un pequeño espejo.
La colocación es más una cuestión de consistencia que de regla. Las etiquetas suelen colgarse junto a la obra, en el mismo lado a lo largo de toda la sala, lo bastante cerca para pertenecer a la pieza pero con un palmo de pared libre entre ambas, y centradas alrededor de la misma altura de ojos que se usa para colgar, aproximadamente 145 a 155 cm del suelo. Un visitante que encuentra la primera etiqueta nunca debería tener que buscar la segunda.
Cómo escribir los títulos
Los títulos son donde las etiquetas se desmoronan en silencio, porque la misma obra acaba escrita de tres maneras distintas entre la etiqueta, la lista de precios y la web del artista. La convención es simple: el título va en cursiva, seguido del año, y conserva su idioma original con una traducción entre paréntesis si tu público la necesita.
Una obra sin título se lista como Sin título, y si el artista tiene muchas piezas sin título, un nombre de serie o un número entre paréntesis las distingue, como Sin título (Puerto III). Elijas lo que elijas, congela la grafía exacta una vez y reutilízala en todas partes, desde la etiqueta hasta el press kit y el certificado de autenticidad. Los títulos consistentes no son pedantería; son lo que permite que un comprador, un periodista y un investigador futuro coincidan en que hablan de la misma obra.
Errores comunes
Inconsistencia entre etiquetas. Una etiqueta con precio y otra sin él, dos formatos de fecha, una tipografía perdida. El visitante quizá no sepa nombrar el problema, pero siente que la sala se montó con descuido, y esa sensación se transfiere al arte.
Texto que nadie puede leer. Una etiqueta preciosa de 10 puntos es decoración, no información. Si el visitante tiene que inclinarse para leer el nombre del artista, la etiqueta ha fallado en su único trabajo.
Papeleo que no coincide. La etiqueta dice un título, la lista de precios otro, el certificado un tercero. Cuando llega una venta, ese desajuste se vuelve un problema real, porque los documentos que deberían confirmarse entre sí ahora se contradicen.
Pedirle a la etiqueta el trabajo de la cartela. Tres frases de interpretación apretadas bajo la ficha técnica no sirven a nadie. Si la obra necesita contexto, dale una cartela extendida como es debido y mantén limpia la tarjeta de identificación.
Si estás preparando una exposición y quieres que las etiquetas, las cartelas y el catálogo hablen con una sola voz, mira cómo trabajo con galerías. La etiqueta es pequeña, pero es el texto más leído de la sala.